Soy terapeuta integrativo, counsellor, formador y especialista en procesos emocionales orientados al cambio vital.

¿Desde que punto de vista te ves a ti, a los otros y al mundo?

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¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

Porque el cambio exige una adaptación e implica aceptar, dejar atrás, transformar, soltar, empezar, sentir el vacío fértil y el miedo a lo desconocido. Todos nosotros hemos tenemos una historia personal de adaptación al entorno que empezó en nuestro nacimiento (o antes).

Te ha llevado años y muchas decisiones para construir tu identidad, consolidar tus creencias, tu manera de sentirte, y tus conclusiones acerca de quien tienes que ser en el mundo, y no es fácil renunciar a todo ello.

 

 

A veces hasta un pequeño cambio nos puede resultar un desafío enorme.

¿Qué personas conoces a quienes les cueste hacer cambios que a ti te resultan fáciles? Y al contrario, ¿qué te cuesta a ti cambiar que a otros les resulta tremendamente sencillo?

A mi personalmente lo que más me ha costado cambiar ha sido la manera de tratarme cuando me equivoco o fallo. Solía sentir una gran decepción ante mis fallos.

 

UN EXPERIMENTO DE CAMBIO

 

Hice un experimento de cambio: Consistía en pensar, ¿qué ocurriría o estaría sintiendo ahora si no estuviera teniendo esta profunda decepción? Me dí cuenta que lo que estaría sintiendo en su lugar era una rabia gigante que no sabía como expresar y enterraba con kilos de decepción. Me dí cuenta de que esa decepción no era tan real como yo la sentía. La propia decepción era un sentimiento parásito que yo mismo había aprendido a provocar para sepultar mi rabia y mi impotencia.

Cambiar es un proceso y un desafío a lo que conoces

Un cambio de casa, un cambio de habitación, de lugar, de pareja, de trabajo, de libreta, de ordenador, de móvil… son cambios y algunos somos capaces de agarrarnos a un mueble eternamente para no pasar por el proceso emocional de separación de ese objeto y sentir el dolor del fin de la relación con ese objeto.

 

EL GUIÓN DE VIDA

 

Un cambio profundo es un desafío a tu sentido del Yo y a lo que el Análisis Transaccional denomina Guión de Vida. El Guión de Vida es tu plan inconsciente de vida elaborado a partir de las conclusiones extraidas en tus experiencias infantiles que guía la manera que debes vivir tu vida.

En el libro “Integrative Psychotherapy in Action” Richard Erskine explica:

 

Como niños (y tal vez antes), empezamos a desarrollar las reacciones y expectativas que definen para nosotros el tipo de mundo en el que vivimos y el tipo de personas que somos. Inicialmente todo ello queda registrado físicamente, en nuestro tejido corporal y acontecimientos bioquímicos, luego emocionalmente, y más tarde de manera cognitiva, en forma de creencias, actitudes y valores. Estas respuestas forman una especie de guía sobre como vivir tu vida. Alfred Adler lo llamó “estilo de vida”(1956). Sigmund Freud llamó “compulsión a la repetición” a un fenomeno similar (1920/1961). Eric Berne lo llamó “guión”(1972). Fritz Perls lo llamó “guión de vida”(1973).”

 

Cuando vives atrapado en tu Guión ciertas situaciones te pasan una y otra vez.

 

Puedes pensar que estás cambiando de pareja pero estás repitiendo la misma escena con nuevos actores. Es una ilusión de cambio pero no es un cambio profundo. Fíjate como se repiten los mismo esquemas y los mismos finales. Seguramente te desesperas intentando cambiar sin darte cuenta que tu intento por cambiar también forma parte del mismo mecanismo que hace juego. Es decir, tu crees que estás intentando cambiar pero estás repitiendo los mismos pasos que te llevan al mismo lugar en el que terminas sintiéndote como siempre, y confirmando las mismas creencias acerca de ti mismo y el mundo: Yo soy el que paso de todo, yo soy un incapaz, no puedo con todo, soy un desastre, o soy el que no puede pedir ayuda, el que no necesita a nadie, el que no molesta, el que puede con todo, el que todo le sale mal etc

Lo positivo es que vivir en el Guión es una manera de mantener un tipo de equlibrio emocional. Es como manejarse con un GPS muy antiguo por un país desconocido, mejor ese GPS desactualizado que nada. Pero como no está actualizado cuando las calles no coinciden te vuelve a mandar por la misma ruta. Cambiar es renunciar a la influencia del GPS antiguo para poder descubrir nuevos caminos y vivir de manera más autónoma y conectada con la realidad que tienes hoy delante. El GPS antiguo ve cosas que tal vez hoy ya no existen. Interpreta según un código antiguo. Ve el territorio con mapas que no son hoy reales.

 

¿Cómo hacemos para vivir fuera del Guión?

 

Primero necesitamos conocer nuestro sistema de Guión. Saber en qué consisten nuestras creencias, decisiones y expectativas creadas. La dificultad estriba en que fuera del guión contactamos con la sensación de vacío. Cuando no hacemos, pensamos y sentimos del modo que nos es familiar realmente no sabemos como hacer, nos sentimos inútiles.

Por ejemplo, hay personas que su Guión los impulsa a complacer a los demás, y el precio que pagan por ello es que sus necesidades nunca se satisfacen, los demás van siempre primero. No saben decir NO. Cuando en algún momento prueban de dejar de complacer y tenerse en cuenta se sienten inmediatamente culpables, egoistas, malas personas. No tienen un permiso para pedir lo que necesitan. Quizás la culpa que sienten les ayuda a manejar la rabia y la tristeza de las que no son conscientes y que no pueden expresar. Y esa culpa los motiva a seguir renunciando a sí mismos con la fantasía inconsciente de que si son muy buenos y complacientes tal vez algún día alguien será bueno con ellos.

 

De modo que si quieres cambiar tienes dos opciones, seguir tratando de cambiar dentro del Guión de Vida o animarte a cambiar tu estilo de vida para vivir libre (o fuera) del Guión.

Cambiar profundamente, y salir del Guión, implica revisar cómo eres, tu manera de pensar, de sentir, de comportarte y darle el sentido que tiene en tu historia personal. El proceso te lleva a tomar contacto con las emociones, memorias, pensamientos y las sensaciones de las que no eras consciente. Es un bello camino no menos doloroso que vivir en la negación.

 

Cambiar también es ir descubriendo quien no eres ahora o no quieres ser. Es descubrir también que hay cosas que no van a cambiar con lo que puedes dejar de pelearte con ellas.

 

En el proceso de cambio uno experimenta la belleza de sentir las emociones que aunque dolorosas algunas necesitaban ser reconocidas, valoradas, escuchadas e integradas como parte de mí.

 

UN PROCESO DE DUELO

 

Cambiar nos lleva por un proceso de duelo que es natural. Cambiar creo que es natural. Al menos la Naturaleza cambia y no acumula. El invierno de ahora no guarda nada del invierno pasado sólo permanece el árbol. Las personas pienso que por naturaleza somos así, pero nuestro miedo y distanciamiento de nosotros mismos y de nuestra esencia ha hecho que nos agarremos muy fuerte al concepto de quienes somos, a nuestras creencias, a nuestras emociones, a nuestras patrias, ideologías, nacionalismos, mi coche, tu coche, mis cosas, las tuyas, una idea de mí mismo que me encierra en mi propia cárcel de “mi mundo”. Una idea de mí mismo a veces muy rígida que modela mi manera de ver el mundo y a la vez lo distorsiona.

Ahora bien, si no cambiamos sentimos que no crecemos y emocionalmente nos morimos cada día un poco más por dentro.

Por eso que yo creo en el cambio personal y me gusta pensar que a todos nos iría bien revisar quienes somos o como somos al menos una vez en la vida.

La dificultad de cambiar es pues gestionar el MIEDO.

 

¿Con que herramientas afronto ese vacío del cambio? ¿Cómo afronto el miedo?

Ray Little, un psicoterapeuta de prestigio internacional dice:

 

“Las heridas emocionales ocurren en el contexto de relaciones y se repiten en el contexto de nuevas relaciones. Para que haya una transformación o un cambio, haría falta de una relación también”.

 

Una relación nueva y diferente, que no invite a reproducir los mismos esquemas adaptativos antiguos.

 

La herramienta que yo conozco y con la que he vivido (y vivo) mi propio cambio son las relaciones de apoyo seguras, protectoras, de confianza y estables. Pero todas las buenas relaciones tienen una cualidad reparadora. Rodéate de gente que te trata bien, te valora por quien eres no sólo por lo que haces y con quien puedes ser tú mismo. ¿Con quien te relacionas? ¿Qué cosas te dicen?¿Cómo te sientes tratado? ¿Puedes expresarte líbremente con autenticidad?

 

RELACIONES DE APOYO

 

En relaciones seguras, en las que podemos confiar, nos podemos atrever a ser nosotros mismos y a viajar un poco más lejos de nuestros límites.

 

 

Sabemos que en esas relaciones no seremos juzgados por nuestros pensamientos o actos, y que podemos volver y esas relaciones siempre estarán allí físicamente, psicológicamente o al menos permaneceran en en nuestro recuerdo y cuando pensemos en ellas sentiremos ese calor corporal que calma cualquier miedo.

Piensa por ejemplo en una imagen, una persona, un lugar o una parte de tu cuerpo que te conecta con la sensación de calma, confianza, amor, protección. Te darás cuenta que es difícil sentir miedo cuando evocas esa imagen y dejas que vengan las sensaciones que le acompañan. Esa sensación de calma se irá extendiendo por tu cuerpo. Las buenas relaciones son un apoyo para que se pueda producir el cambio a cualquier nivel.

 

 

Los cambios que son duraderos además se producen cuando hay una contacto consciente de los esquemas de funcionamiento antiguos, como están conectadas estas dinámicas de funcionamiento, cuando se conoce el origen y los motivos del para qué uno tomo unas decisiones en lugar de otras, o quizás fueran conclusiones. Podemos cambiar a medida que conocemos e integramos llas piezas que unen nuestra biografía y empezamos a rellenar de sentido los huecos de información y podemos dar sentido a la experiencia vivida. Entonces podemos gestionar mejor el cambio y comenzar a tomar nuevas decisiones.

 

 

Sólo tu puedes hacer ese viaje, pero tu a solas no lo harás, porque cuando el miedo al cambio se presente es el marco de una relación de apoyo segura, estable y protectora que te ayudará a confiar en seguir avanzando a pesar del miedo. Las carencias y las heridas relacionales tempranas se produjeron dentro de una o varias relaciones, y la manera de integrar lo no vivido o lo rechazado es experimentando de nuevo esa necesidad relacional en una relación que esta vez sí nutra y aporte lo que una vez faltó.

 

De este modo podemos integrar aspectos de nosotros que una vez tuvimos que rechazar y además poder dar una nueva narrativa a nuestra vida haciendo que los impulsos y reacciones antiguas, sean percibidas hoy como eso: partes antiguas de tí, pero que ya no tienen el poder de controlar tu vida.

 

Cambiar es un reto que consiste en desafiar lo que conoces.

 

No es fácil cambiar, ya que todo tu sistema interno va a poner todas los peros y obstáculos para que el cambio no ocurra. Tu sistema va a esforzarse por mantener el equilibrio que tanto le ha costado alcanzar. Y va a sacar todos los perros guardianes. Y esa parte de ti que no quiere que cambies tendrá siempre argumentos muy convincentes para que no triunfes y no salgas de ahí. ¡También es parte del proceso de cambio!

 

¿Entonces, ¿cambiar es posible? ¿qué piensas tu?

 

Yo sí lo creo. Si uno quiere.

Cambiar, como decíamos al principio, es lo natural. Es la tendencia de todo ser humano, crecer y desarrollarse, como una semilla tiende a ser árbol. Cambiar debería ser fácil ya que implica dejar de alejarse de uno mismo y regresar a ti. Y ese es el placer del cambio vital, el placer de sentirte más conectado con tu naturaleza, tu ritmo, tus necesidades, tus sensaciones, tu vulnerabilidad y tus emociones. Ser valioso simplemente por ser tu.

Además cambiar es un regalo para ti, para los demás y para el mundo. Cambiar lleva en sí el placer de crecer, de sentirse más grande, más capaz, de mirar con más claridad y saber tomar decisiones que son buenas para ti.

 

Cambiar generalmente significa movimiento, fluir, soltar y dejar de cargar con lo que te hace daño y renunciar a relaciones que te hieren.

 

¡Y cualquier pequeño cambio es poderoso!

 

Empezar por poder observarse a uno mismo desde un lugar más distante -fuera del ojo del huracán- es en sí un cambio, ¡un cambio de perspectiva!.

 

El cambio ocurre despacio porque implica una transformación y un proceso. El proceso de cambio es un avance atravesando el miedo y a pesar de él.

 

Si nos hubieran educado en el cambio no nos resultaría tan complicado de asimilar. Nos cuesta también cambiar porque cuando cambias el mundo que te rodea muchas veces no quiere que cambies ya que ellos tienen que cambiar un poco también. Y si cambias oirás cosas como: “¿Qué te pasa? Estás raro”… (O tal vez no oigas nada de eso, pero suele pasar).

 

Cambiar nos permite construir una nueva narrativa sobre nuestra vida y nos ayuda a mirar con compasión lo vivido, reconciliarnos con nuestro pasado a nivel emocional y poder seguir creciendo hoy, libre de cargas.