Soy terapeuta integrativo, counsellor, formador y especialista en procesos emocionales orientados al cambio vital.

¿Desde que punto de vista te ves a ti, a los otros y al mundo?

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La intimidad

La intimidad es muchas veces confundida con algo sexual. Quizás porque pensamos que es en el acto sexual donde se produce, o en situaciones románticas o de privacidad. Pero ni acostarse con alguien, ni tener un encuentro romántico, ni la vida privada implican que haya intimidad.

 

La intimidad esté más relacionada con:

VER y SENTIR,

y con DEJARSE VER y DEJARSE SENTIR.

 

Para dejarnos ver necesitamos sentirnos SEGUROS EN LA RELACIÓN. Al menos en la relación contigo mismo.

 

 

¿QUÉ ES LA INTIMIDAD?

 

 

SENTIRSE SEGURO EN LA RELACIÓN

Para estar en una relación en intimidad necesitamos sentir la seguridad de poder ser nosotros mismos en esa relación, y que somos reconocidos, valiosos, queridos, que podemos confiar, definirnos, saber que al otro le importamos y que podemos pedir lo que necesitamos en cada momento, aceptando que el otro también puede responder con la misma autenticidad.

 

Pero ese encuentro íntimo no es habitual en nuestra sociedad occidental porque en muchas ocasiones ocultamos nuestra vulnerabilidad y nos mostramos de otro modo, fingimos que las cosas no nos duelen, escondemos nuestras emociones por miedo a la burla o la humillación.

 

Por tanto relacionarte desde la intimidad en muchos casos es una experiencia incómoda o que no has podido experimentar mucho en tu vida. Fíjate como muchos hombres se despiden dándose palmaditas en la espalda dejando claro que el abrazo no es nada íntimo, que hay un muro entre tu y yo, un muro de masculinidad, como si un abrazo largo y sentido o una mirada larga y honesta fueran cosas de débiles. El encuentro íntimo no tiene intenciones ulteriores, pero aún así hemos aprendido a desconfiar, a frenarnos, a mantener las formas y aunque en el fondo de nuestro ser deseamos amor a veces fingimos no necesitarlo.

 

UN EJERCICIO

Como ejemplo de lo incómodo que puede resultar la intimidad prueba este ejercicio.

 

Proponle a un amigo lo siguiente: “Vamos a estar mirándonos a los ojos un buen rato, durante unos minutos. No podemos cortar el contacto visual”.

 

Es probable que pasado un tiempo uno u otro interrumpa el contacto visual, u os riáis y penséis, “vale ya, ya es suficiente”. Si os seguís mirando puede que surjan miedos, vergüenza de ser visto o de ver, o de sentir la intimidad, la cercanía, el contacto genuino. Si además lo hacéis agarrados de las manos el nivel de cercanía e intimidad aumenta. ¿Te atreverías a decirle “te quiero por ser tu”?

 

¿Que sensaciones vienen? Hablad de eso que surge. ¿Puedes?¿Podéis?

 

Lo “normal”, sobretodo si eres hombre, es que no te atrevas a hacerlo o te dé pereza. Entre mujeres hay históricamente más permiso para expresar emociones y estar en esta cercanía física. Así que es normal que sientas miedo. ¡Y si te has atrevido a hacerlo escribe aquí abajo cómo ha sido tu experiencia!

 

Te propongo que si no lo quieres hacer que entonces lo pienses, que reflexiones sobre ello y observes si en tu cotidianeidad interrumpes el contacto con el otro cuando sientes la intimidad.

 

La intimidad, cuando la podemos vivir como algo natural en nuestras relaciones, nos acerca unos a otros.

 

En la vulnerabilidad nos conectamos con el otro.

 

¿QUÉ ES LO QUE LA MAYORÍA DE PERSONAS HACEMOS PARA INTENTAR ESTAR EN INTIMIDAD?

 

La intimidad puede ser una experiencia para muchos tan rechazada, invasiva como desconocida y en general tratamos de evitarla a toda costa consciente o inconscientemente, buscando intimidad y caricias de los demás de maneras socialmente aprendidas, artificiales o artificiosas.

 

Es decir, realizamos acciones que nos sirven para encontrar maneras más seguras de pasar el tiempo en relaciones con otros sin sentir la “amenazante” intimidad.

 

 

6 MANERAS DE OCUPAR EL TIEMPO CON MÁS O MENOS INTIMIDAD:

 

En el Análisis Transaccional se diferencian 6 maneras de ocupar el tiempo.

La primera es la manera con que evitamos en mayor grado la intimidad. La sexta es la intimidad en sí misma.

 

1. AISLAMIENTO: Refugiarte en tu mundo. Irte a tus fantasías. Te puedes aislar en una conversación y de pronto darte cuenta que “te has ido” y no te has enterado de nada. Pero también puedes irte unos días para estar solo. Aislarse voluntariamente no tiene nada de malo, pero cuando lo haces para huir de algo o para evitar algo hace que descuentes tu capacidad y la de los demás de resolver el problema de una manera genuina. Cuando te aislas obtienes solamente caricias de ti mismo, internas, interrumpes el contacto con los demás.

 

2. RITUALES: Rituales programados socialmente. Puede ser un simple saludo, o una ceremonia de inauguración, o ir a misa, una primera comunión, una despedida, una boda etc… Obtienes caricias de reconocimiento mútuo, pero están ritualizadas, hay unas normas y maneras de actuar o proceder, no es espontáneo.

 

3. PASATIEMPOS: Conversaciones sobre temas de interés que ya están preestablecidos en nuestra sociedad. Hablar de fútbol, de economía, del tiempo, de motos, de golf, de famosos del corazón, de enfermedades, de política, de la educación… Nos sirven para conocernos mejor y elegir quienes son más como nosotros y con quien preferimos estar. Un encuentro fugaz con tu vecino en el ascensor en el que se habla de cualquier cosa que nos ayuda a evitar el encuentro íntimo. Ej.

-¿Cómo estás?

– ¿Yo? ¡Fenomenal!Cómo han subido las temperaturas, eh!.

 

 

En este caso obtenemos caricias de reconocimiento mútuo. En esa conversación estamos diciéndonos “Te veo, no te ignoro, y como el silencio es demasiado incómodo hacemos que nos interesamos el uno por el otro y así evitamos contactar de verdad.”

 

4. ACTIVIDADES: Realizar una tarea con otros como lo es el trabajo, o pintar juntos una habitación, o jugar un partido de pádel… Son acciones orientadas a gestionar la realidad social o material para transformarla en la dirección de un propósito pactado. Obtienes las caricias resultantes de los logros de la actividad.

 

5. JUEGOS: Los juegos son situaciones relacionales en las que nos vemos metidos una y otra vez. Aquellas situaciones conflictivas o dolorosas que se repiten en tu vida con un patrón más o menos claro y que siempre terminan igual. Pido tímidamente lo que quiero, pero no me siento escuchado, me siento mal, me siento enfadado con los demás porque me ignoran, luego se preocupan por mi y yo ahora los rechazo, se enfadan conmigo, yo me enfado y me aislo, y confirmo que una vez más nadie me comprende y no confiar en los demás es la única opción. ¿Observas como se desarrolla todo el proceso? Lo has visto también en relaciones, un pequeño comentario que desata una discusión que termina por amenazar repetídamente la estabilidad de la pareja.

 

En el juego quieres obtener caricias de reconocimiento, estímulo y estructura pero tus creencias y expectativas sobre ti y los demás te impulsan a meterte en juegos en los que repites acciones y tomas decisiones sin tener en cuenta toda la realidad de hoy.

 

6. INTIMIDAD: Es el encuentro genuino con otra persona, cercano, honesto y espontáneo en el que puedes ser tu mismo, expresar tus emociones, compartir tus pensamientos, definirte y sentirte seguro emocionalmente y físicamente en la relación.

 

Como ves la intimidad tendría que ser la manera más emocionalmente sana y no contaminada de estar con el otro. No tener que fingir, no tener que ser otro. ¡A su vez es demasiado arriesgado emocionalmente! Porque te hace sentir lo que realmente ES.

 

Me ilusionaría saber que en las escuelas, en la educación se dedica tiempo a dar valor a la genuinidad de cada uno, al encuentro íntimo entre las personas además de aprender contenido de valor. Me encantaría que los padres lo aprendiéramos a hacer con nuestros hijos antes de que el niño se meta hacia adentro y sólo termine mostrándonos y mostrándose una parte de sí mismo, la que socialmente es aceptable.

 

¿Seríamos así más empáticos los unos con los otros? ¿nos comprenderíamos mejor? ¿estaríamos menos enfadados con nosotros mismos? ¿enfermaríamos menos? ¿sentiríamos mayor gratitud? ¿estaríamos más conectados con el presente? ¿tomaríamos mejores decisiones para nuestras vidas?

 

¿Qué crees tu?

 

 

 

La imagen destacada de este post pertenece a H. Armstrong Roberts / Getty.