Soy terapeuta integrativo, counsellor, formador y especialista en procesos emocionales orientados al cambio vital.

¿Desde que punto de vista te ves a ti, a los otros y al mundo?

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CREATIVIDAD, ACTORES, ACTRICES, CÁMARAS DE CINE y BRAINSPOTTING

La Creatividad es una cualidad natural. Todos somos creativos. Nacemos con esta cualidad. Es un estado interno de confianza en nuestros propios recursos. Siendo niños venimos dotados de esa curiosidad, de esa capacidad de explorar libremente y de una predisposición para el juego.

 

La Creatividad es un proceso infinito durante el cuál, a veces, nos detenemos para compartir los resultados con el mundo exterior y se manifiesta en forma de un plato de cocina, una pintura, unas palabras de amor, un abrazo, un invento científico. Pero ese resultado es un punto de un proceso que no termina ahí.

 

El proceso creativo existe en un contínuo con intermitencias en las que, para aquellos que buscan resultados,  a veces emergen soluciones a veces no. Lo natural es que el proceso creativo sea así, una transformación constante. Negar este hecho es el primer paso hacia el bloqueo, porque sería como negar la realidad. Por ejemplo, negar que hoy hace sol, que mañana puede llover y al día siguiente vuelva a llover. La incertidumbre forma parte de la naturaleza creativa y aquellos que quieren vivir creatívamente necesitan afrontar la creatividad desde la aceptación esa incertidumbre.

 

Ser creativo es ser capaz de poner la atención en aquello incierto que puede ocurrir a nuestro alrededor o dentro de nosotros y acogerlo como parte de un proceso.

 

Por eso que en el proceso creativo la persona no controla nada más que el lugar dónde dirige su atención y eventualmente lo que hace con aquello que percibe.

 

Claro que una persona que ha entrenado su capacidad de poner la atención a lo que percibe sin juzgarlo, sin reaccionar a ello desde sus conocimientos previos (prejuicios) tiene más opciones de que encuentre algo nuevo, una solución creativa.

 

La creatividad está en nosotros, aunque en el proceso de hacernos mayores hayamos olvidado o sepultado la capacidad de estar en ese estado creativo y espontáneo. Estar en ese estado creativo es necesario para que no se escurran y escapen las ideas creativas que llegan en el proceso. Entonces es cuando las podemos cazar al vuelo y hacer algo con ellas. Y ese hacer algo también significará una continuación del mismo proceso. Llevarlo al hacer nos permite que nuestra creatividad se vuelva una cualidad útil para nosotros, para vivir en sociedad y para el desarrollo de ésta.

Si uno desea utilizar su creatividad para innovar en un terreno profesional necesita conocer a fondo su profesión, de lo contrario es difícil que emerja algo nuevo. Del mismo modo que un actor necesita conocer a fondo algunos aspectos clave del personaje que va a interpretar si  quiere que su creatividad le aporte ideas nuevas para su interpretación. La creatividad aplicada a la vida puede convertirse en una forma de vida y de resolver conflictos. Puedes utilizar tu creatividad para vivir, en tus relaciones con tu pareja, con tu familia, contigo mismo. Y todas estos ámbitos son espacios maravillosos para practicar la creatividad. Y ya sabemos que la creatividad es esencial para el científico o el artista. La Creatividad no es una cuestión de inteligencia, es un estado a partir del cuál podemos actuar con lo surge cuando estamos creativos.

 

Esta frase ilustra todo lo dicho:

 

«El genio es 1% inspiración y 99% transpiración»

(Thomas Alva Edison)

 

 

Pero la creatividad no emerge cuando la empujamos, cuando esperamos impacientemente, cuando somos críticos o juzgamos lo que nuestra naturaleza creativa nos dá.  Cuando no aceptamos lo que percibimos con nuestros sentidos. Tratarse mal es una buena forma de no aceptarse a uno mismo y de empezar a perder la creatividad. Si tratas mal a la fuente de creatividad, es decir a tí mismo, ésta dejará de proveerte de ideas.

La Creatividad es un verbo en realidad, un estado de energía que fluye. Por eso decimos que es un estado. La creatividad no tiene que estar relacionada necesariamente con el arte, ni tiene que ver con ser inteligente o brillante o ingenioso, aunque ser todo eso puede ser un resultado de una persona conectada a su creatividad. Tiene más que ver con poder ser uno mismo.

Cuando no estamos conectados a nuestro estado creativo nuestra atención puede que esté fijada en un mismo punto, atascada, y se resiste a aceptar la naturaleza cambiante. Y siempre hay razones importantes para que eso sea así, el miedo es una buena razón para frenar el flujo creativo, para frenar-TE.

 

Cuando tenemos miedo nos cuesta más aceptar lo nuevo. Porque lo nuevo nos pone en una situación de vulnerabilidad.  Si lo tratamos de controlar, controlar el resultado, si «obsesionamos» y nos focalizamos intensivamente tratando de controlar podemos quedarnos atascados en una  fantasía de control de la realidad. La obsesión cotidiana (no confundir con el trastorno) puede volverse un intento de rellenar de pensamientos obsesivos un vacío, algo que está abierto y que necesitamos completar para no sentirnos incómodos provocados por lo que pueda venir de fuera o lo que pueda sentir dentro de mí, especialmente cuando lo que venga sea nuevo, desconocido, diferente.

 

También la autoexigencia, la autocrítica son formas de mantenerte a tí mismo a raya, de controlar tus impulsos, tus fallos, tu desempeño, de que no salga nada diferente a lo esperado de tí. Pero son formas que sitúan a las persona en un lugar no creativo. Nacen del intento por adaptarnos al mundo, y aunque eso es un acto creativo en sí cuando se hace rígido y se vuelve «la única opción» también nuestra mirada al mundo se vuelve rígida. Y la capacidad de encontrar soluciones también.  Los niños están adaptándose contínuamente, son altamente creativos ajustándose (o no) a las exigencias del entorno. Adaptarse a las dificultades del aquí y ahora es creativo.

 

Pero si el esfuerzo por adaptarnos lo hacemos con las mismas herramientas y no somos capaces de ver otras opciones se detiene el proceso creativo. Y si nos quedamos fijados en un punto, la vida puede parecerse a un disco rayado, y empieza una lucha con la realidad. Nos desconectamos de la realidad un poco, o mucho. Nuestra atención y energía empieza a dedicarse a permanecer ahí, como en un intento de resolver algo que no sabemos cerrar de otro modo. Puede ser muy frustrante.

 

Si lo viéramos desde lo emocional, quedarse ahí, atascado tiene una razón de ser. Para esa persona soltar-se puede significar algo más doloroso que mantenerse ahí, obsesionando, autoexigiéndose. Puede que habite hace tiempo en la persona un crítico interno, asegurándose que la persona sea aquello que se espera de él o ella. Este crítico interno protege a la persona de otras expresiones de sí misma que podrían resultarle más vulnerables o fácilmente heridas si siente que le están rechazando o pueden hacerlo. El resultado es que la acción de renunciar al proceso creativo y su fluidez se convierte en una forma de renunciar a tí, a quien tú eres.  Es imposible en el presente ser creativo desde ese lugar.

 

Una persona con miedo a hablar en público porque teme ser juzgado pone su atención en la evitación de esa situación, y en adivinar los pensamientos juiciosos del público, por ejemplo. Pone en el público todos sus miedos. ¡Los demás deben estar pensando lo que yo estoy pensando de mí! Su miedo, provocado por sí mismo, hace que su comportamiento sea evitativo y que pueda magnificar la situación. En lugar de acoger ese miedo lógico como parte de la experiencia, la niega, se pelea con su miedo, proyecta sobre los demás su propias creencias, y además trata de encontrar formas de tener todo eso controlado. Ah, y quizás también esté tratando de que nadie se dé cuenta de sus nervios.¡Uf! ¡Es un esfuerzo enooooorme! Cuántos intentos diferentes de controlar lo incontrolable. Difícilmente esta persona podrá ser creativa cuando salga al escenario. No estará en un estado creativo, estará en un estado adaptativo y alienado.

 

Y ahora quiero dirigir la atención al mundo de la interpretación, que es un mundo que he conocido bien profesionalmente como director y como terapeuta…

 

Lo que hemos visto hasta ahora ocurre del mismo modo con los actores, cuando trabajan ante una cámara. He trabajado muchos años con actores y he investigado este asunto profundamente.

Cuando un actor tiene una parte de sí mismo que es muy exigente o crítica su atención estará generalmente puesta en el perfecto desempeño de su trabajo. Se centrará en su trabajo como si fuera un obstáculo que debe resolver para alcanzar algún resultado. La presión interna hace que el actor o la actriz sientan sensaciones de malestar. Los nervios, la tensión ante su propia exigencia y la del mundo externo estimulan todas esas emociones y sensaciones. En lugar de atender esas sensaciones en muchas ocasiones el actor trata de evitarlas «no pensando» en ellas, o haciendo ejercicios de liberación emocional. Puede resultar útil en cierto modo pero el proceso se convierte en una lucha constante contra sus propias emociones y sentimientos. Este tipo de experiencias acrecienta las expectativas de que eso se vuelva a repetir con lo que el actor puede entrar en procesos obsesivos desesperadamente intentando evitar estas situaciones que no logra controlar.

Para el actor, trabajar ante una cámara tiene además otro componente, y no es la cámara en sí. Al fin y al cabo es un objeto y nada más. El problema es que lo que ve la cámara queda grabado y eso lo va a ver el propio actor, sus familiares y amigos y va a quedar registrado para siempre. De forma que aquello que surja poco podrá hacer su cerebro exigente y crítico para manipularlo o endulzarlo.

La acumulación de esta experiencias convierten el trabajo de muchos actores y actrices en un proceso estanco en el que todo la energía psíquica termina gastándose en esta batalla interna que no tiene fin. El pensamiento positivo no sirve cuando tienes un cocodrilo en tu interior y pretendes escapar de él.

Para actuar ante la cámara, antes de nada hace falta saber un poco acerca de ésto que hemos estado hablando. La cámara lo ve todo, incluso a un actor bloqueado, aunque no aparezcan subtítulos que lo expliquen. La cámara lo ve todo como lo ven los niños, o como lo ve cualquier persona que está Presente y atenta a lo que percibe.

Actuar ante la cámara significa estar presente, «vacío» de tus propias batallas internas e identificaciones, para poder actuar como un «canal» a través del que emerge el personaje. Aprender a hacer eso requiere un entrenamiento. Ser actor o actriz es difícil, porque no supone solamente aprender una profesión, requiere aprender acerca de uno mismo. Sí o sí.

Ya, ¿y de dónde emerge el personaje?

Para el actor el proceso se inicia en cuánto lee el guión. Si el actor ha comprendido la historia y le ha llegado es porque en algún lugar del cerebro todo lo que representa el personaje YA EXISTE. De lo contrario no lo hubiera comprendido, no se hubiera emoiconado. No lo habría imaginado. Por eso que para que emerja el personaje «solamente» debemos facilitar un proceso de «desenterrarlo». Y eso no siempre es fácil cuando por medio se entromete nuestro crítico interno, nuestro pensamiento racional, coherente, el que hace listas y quiere tener certezas, y que tiene un cajón para lo que está bien y lo que está mal.

 

Descubrir al Personaje se hace tradicionalmente de muchas formas y con diversas metodologías. En mi experiencia como creativo y como profesional que ha ayudado a muchos actores y actrices en este camino, ese proceso arqueológico de «desenterrar» el personaje se vuelve más sencillo cuando tenemos una metodología que nos señala por dónde hay que ir, como Brainspotting, que es una técnica de la que os hablaré a continuación.

 

En esa exploración del personaje, el objetivo es situarse tarde o temprano exactamente en el punto de vista vital del personaje desde el cuál haga lo que haga el actor o actriz estará bien porque responde al comportamiento propio del personaje. Si el actor no logra situarse en ese lugar, en ese punto de vista (cosa que ocurre muy a menudo), el actor inventa conductas para el personaje desde sí mismo, no desde el personaje. Rellena los silencios, sobreactúa etc… Pero lo significativo es que el actor interpreta como un navegante sin brújula. Actúa desde lo que «debería ser» (¡guiado en la sombra posiblemente por su crítico interno!), desde lo que cree que haría el personaje, y eso es mucho adivinar. El resultado en cámara cuando eso se produce es que no nos creemos al personaje. Y como espectadores nos desconectamos.

 

Acceder al punto de vista del personaje, en mis años de experiencia, no lo he visto darse de una forma tan clara como con una herramienta que desde hace un tiempo utilizo en mis cursos: Brainspotting.

 

Brainspotting es una técnica terapéutica que fué descubierta por David Grand, un reconocido psicólogo norteamericano, para tratar el trauma. David Grand sostiene que «allí dónde miras afecta a cómo te sientes».

 

Pronto descubrió además el potencial extraordinario que su técnica tenía para acceder a los recursos propios y especialmente a ese estado creativo. Brainspotting por ello es una herramienta muy poderosa para la expansión de la Creatividad, y muy útil para los actores y actrices que quieren trabajar ante la cámara con la presencia que es requerida. Sin ello, todo el trabajo de análisis previo no puede canalizarse de forma creativa y fluida.

 

 

Porque esta es también una de las cualidades del Brainspotting, es una técnica muy amable, respetuosa y que señala hacia el punto exacto en el que se halla el personaje en cada uno de nosotros. Aquel brainspot o cápsula que contiene todo el acceso a la red neural que nos conecta con el personaje que ya existe en nosotros.

 

Brainspotting nos ayuda a hacer lo contrario de lo que he descrito al comienzo: poner la atención exactamente en aquello que ocurre dentro de nosotros, y nos ayuda a mantener la atención en ese punto acogiendo la experiencia que venga con curiosidad, sin juzgarla, dejando que emerja lo incómodo y también lo agradable, permitiendo así que nuestro cuerpo sea ese canal abierto a través del cuál pueden fluir las emociones y las sensaciones.

 

Cuando el actor se entrena en esta técnica descubre que el personaje ya «habitaba» en él, porque ya lo había sentido en la lectura del guión, y porque además todos los personajes habitan en nuestro inconsciente colectivo, y que identificando la red neural que nos conecta al personaje, desde el estado creativo, el personaje se revela ante el actor ocupando el «vacío» en su Ser que deja el actor. El actor se vuelve como una caña de bambú por la que discurre el agua, el personaje. El actor sigue al personaje, no lo controla, lo acompaña, lo observa y mantiene el estado creativo.

 

Ser creativo es un estado que nos pertenece y del que podemos reapropiarnos.

 

Ese es el entrenamiento fundamental del actor, aprender a permanecer en el estado creativo en todas las etapas del proceso. En la preparación del personaje, en el rodaje ante la cámara y posteriormente para poder cerrar el proyecto y empezar uno nuevo.

POR ESO…

El Martes 21 de Mayo del 2019, impartiré en Madrid un curso sobre todo esto que integra de forma novedosa todas estas ideas. Te dejo aquí abajo el enlace a la información del curso:

 

 

 

El proceso creativo basado-en-el-cerebro es eso, un proceso que siempre está en transformación, nunca se detiene.

Ser creativo es ser capaz de gestionar la novedad, sea cuál sea, sin expectativas.

Una escena que sale «mal» es solamente una parte de un proceso mucho más amplio en la vida del actor. Acoger las subidas y bajadas con curiosidad y compasión ayuda a construir una trayectoria profesional emocionalmente más saludable y creativa.