Soy terapeuta integrativo, counsellor, formador y especialista en procesos emocionales orientados al cambio vital.

¿Desde que punto de vista te ves a ti, a los otros y al mundo?

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¿Cómo tomas las decisiones?

Tomar una decisión implica elegir y renunciar. Eso no es siempre fácil porque sabes que vas a perder algo por el camino.

 

Hay personas para quienes elegir no es aparentemente una dificultad, están acostumbrados, y quizás sea fruto de su historia personal. Quizás tu seas de aquellas personas que van siempre por delante tomando decisiones y no soportas a esos indecisos que no pueden tomar una simple decisión cuando tu ya hace horas que habrías hecho tres cosas más. O te enfadas contigo mismo por no ser capaz de tomar una decisión que otros ya habrían tomado. ¡A mis años y atascándome con estas cosas!, te dices,  y te sientes una y otra vez empujado a elegir a una velocidad que te supera.

O puede que la situación sea otra cualquiera. Decidir es hacerse preguntas y aceptar plenamente lo que eliges y lo que renuncias, y estar dispuesto a hacerte cargo de las consecuencias de tu decisión. Para ello necesitas tiempo. Tiempo para pensar en lo que necesitas.

 

Sea como sea, decidir quiere decir pasar por un proceso de valoración de las opciones disponibles y encontrar la solución más satisfactoria para ti. Y si se trata de una negociación encontrar una solución satisfactoria para todas las partes. Y eso no es fácil. Cada uno necesita un tiempo diferente para tomar decisiones.

 

Una decisión nos sienta bien o nos sienta mal muchas veces no por la decisión tomada sino por cómo se ha dado el proceso. ¿Te has tenido en cuenta en ese proceso? ¿Te has dado el tiempo que necesitabas? ¿O te has pasado por encima y has decidido desde el miedo, las prisas, la culpa, la complacencia…?

 

A veces no sabes el tiempo que necesitarás para tomar la decisión. Entonces puedes aceptar que no lo sabes ahora y puedes darte un tiempo para valorarlo. Cuando lo sepas podrás decir cuánto tiempo vas a necesitar para dar una respuesta (a ti o a otros) acerca de tu decisión.

 

¡Ya pero hay decisiones que no pueden esperar a que yo u otros estén listos!, estarás pensando.

 

Lo entiendo. Y efectívamente, muchas veces es así. No obstante puedes frenar el proceso aunque sean dos, tres, diez minutos para tenerte en cuenta a ti y valorarte como parte de este proceso. De nuevo, a veces lo importante es cómo has tomado la decisión y si te has tenido en cuenta a ti. En muchas ocasiones tomamos decisiones porque vemos que todos los demás ya la han tomado y nos sumamos a la respuesta general. Diariamente hacemos cosas de manera automatizada sin realmente pensar si eso es lo que yo quiero hacer ahora y en cada momento. Muchas personas han vivido una vida en la que otros han decido siempre por ellos y no conocen la experiencia de tomar una decisión. No saben lo que necesitan porque nunca se lo han tenido que preguntar.

 

Prueba esto: antes de abrir el grifo de la ducha, o abrir la puerta de casa párate un momento y respira ese instante con conciencia plena. Respira ese momento y pon toda tu atención en la acción que estás a punto de hacer. ¿Qué voy a hacer? ¿Quiero abrir la ducha? ¿quiero abrir la puerta? ¿Sí? ¿No? ¿Para qué voy a abrir la ducha? ¿Qué valor tiene?¿Cómo estoy ahora? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué me estoy diciendo? ¿Qué estoy necesitando?

 

Observa las sensaciones que vienen cuando detienes la acción. Tal vez lo que venga es mucho ruido mental en forma de impaciencia y sensaciones que acompañan. El mismo ruido invasivo que tantas veces ha venido de fuera y ha decidido por ti que ahora suena en tu cabeza diciéndote lo que tienes o debes hacer. Pero no eres tu, son tus pensamientos y tu identificación con ellos. Pensamientos que interrumpen tu capacidad de contactar con esa parte de ti que es la que los piensa, tu Yo más esencial, tu Conciencia profunda, tu Adulto, tu Self. De modo que lo que tu crees que estas necesitando en ese momento es lo que esos pensamientos creen que necesitan. Los pensamientos son productos de la mente construidos o adquiridos sobre la base de mi experiencia pasada, pero no son la realidad de mi entorno ni tampoco son la realidad emocional interna, aunque esos pensamientos provoquen emociones y tu creas que todo ello es la verdad.

 

Detener el ritmo de tu vida aunque sea un instante para tomar consciencia plena de que tu existes antes que tus pensamientos te ayudará a conocer más a fondo lo que necesitas en cada momento. De este modo podrás dar valor a cada acción que tomas.  Te ayudará a empezar a reconquistar tu capacidad de tomar decisiones autónomas. Empieza por los pequeños detalles, por tomar consciencia del agua que vas a beber. Puedes detenerte y ser consciente del valor que tiene lo que vas a hacer.

 

En una película no podemos ver que en cada segundo pasan 24 fotogramas. Si paramos la película veremos que cada fotograma construye la acción, el sentido, la intención y la dirección del movimiento.

 

Como ves, lo que trato de decir no es que hay una manera de tomar decisiones. Cuando tomas decisiones te vas a «equivocar». No existe una idea de felicidad ausente de dolor. En algún momento te vas a equivocar porque todo no lo puedes tener. Y puedes tomar la decisión desde el miedo, es decir pensando en el pasado y en los errores anteriores para proyectarte hacia el futuro y temer que vuelva a ocurrir, o puedes confiar y aceptar que aunque te equivoques sabrás afrontar lo que venga, y lo que venga te invitará a tomar nuevas decisiones. Aceptar el proceso, con sus variaciones, como aceptamos que un día hará Sol, otro lloverá, luego serán las tres y más tarde las ocho.

 

Piénsalo… No decides mal. Si tienes la sensación de que decides mal puede que sea porque vives en el miedo. Y en el miedo no se puede crecer, ni tu ni los animales, ni ningún ser vivo. Decidir es parte del proceso natural de crecimiento y desarrollo humano. Decidimos estudiar o no para un examen, elegimos una u otra pareja, decidimos responder agresívamente o complacientemente a los demás, decidimos ir en coche o autobús, decidimos comer helado de chocolate o de fresa… Para cualquier decisión nuestro cerebro trata de buscar siempre el camino que consuma menos energía, aunque ese camino sea doloroso.  Si ante tu ansiedad, soledad o miedo fumar te tranquiliza tu cerebro pensará en ese recurso lo primero. Buscar alternativas significa para tu cerebro abrir nuevos caminos, y eso equivale a más gasto de energía mental y emocional, nuevos patrones de comportamiento… Tu cerebro busca el camino que conoce porque lo que no conoce es vacío, y eso genera más miedo y malestar. Por eso cambiar cuesta, porque tu cerebro va a buscar “lo que está mal” (los problemas), para sobrevivir. Y tomar una decisión que no siga el proceso conocido es cambiar y tu cerebro buscará los problemas y tu mente creará monstruos para que no vayas por ahí y crezcas. ¡Porque te va la vida!

 

Te podemos equivocar con una decisión pero lo que más duele es saber que la manera con que se tomó la decisión no fue buena o fue desde el miedo. Una decisión tomada con prisas, o en la que diste demasiado valor a las opiniones de los demás y no te tuviste en cuenta, o una decisión que la tomaron otros…

 

Para decidir es importante tener en cuenta que cada uno tiene su ritmo y que tu cerebro va a utilizar las maneras que ha utilizado siempre porque las conoce.

Por eso que algo que puede parecer obvio pero que muchas veces no se tiene en cuenta es que necesitas estar bien. Estar emocionalmente bien. Al menos haber descansado y estar lo mejor que puedas estar en tus circunstancias. Tomar una decisión cuando estás estresado, no has dormido bien y no has desayunado puede hacerte elegir desde un lugar en el que no tienes una visión objetiva de la realidad y desde un cerebro que cansado gestione la situación como un momento de supervivencia.

 

 

Además para tomar una decisión tu necesitarás tu tiempo para saber lo que necesitas. Si no te lo diste en el pasado prueba ahora de darte tu tiempo. Aunque ya hayas decidido y sepas lo que quieres. Experimenta dándote valor y espacio para que tu decisión ocupe un tiempo. Lo agradecerás cuando hayas tomado la decisión y cuando recuerdes este momento años más tarde. Este tiempo que te das es una manera personal de decirte que tu vales, que merezco espacio, existir y vivir.

 

Alguna vez he visto en el colegio de mis hijos como un padre apresurado no respeta el ritmo de su hijo o hija ante una decisión.

 

Esta es una conversación que oí hace un tiempo:

Padre:Vamos que es tarde, ¿vas a entrar o no?”

El niño llora. No quiere entrar, ahora. Necesita algo y el padre no lo está queriendo ver porque tiene prisa.

Padre:Vamos, mira a los demás niños, ya están dentro y tu aquí, no tenemos todo el día, me tengo que ir a trabajar, no llores que ya tienes ocho años, la porfesora te está esperando y vas a molestar…”

 

Al oir esa conversación que iba en una sola dirección imaginaba el miedo que tenía el niño de entrar. Aún no estaba preparado. Las prisas del padre le estaban diciendo al niño que tus necesidades no son importantes, si tienes estas necesidades molestas a tu clase y a la profesora, no seas un niño y llores como un niño renuncia a tu necesidad de expresar esa emoción de tristeza, o tal vez rabia hacia un padre no sintonizado con él. Imaginé luego a ese niño siendo no tenido en cuenta de este modo durante veinte años más y concluyendo para sí cosas como:Yo no soy importante, mis necesidades no son importantes, no sé pues loque quiero porque lo que yo quiero no vale, necesito a Papá para saber lo que está bien, yo tengo un problema”.

 

Y luego pensé, qué dificil poder ser uno mismo, estar en ti y en tu cuerpo,  cuando te hablan así. Qué difícil tenerte a ti en cuenta para tus propias decisiones cuando no te han tenido en cuenta y siempre los demás tuvieron razón y la tuya no es vista ni comprendida por nadie.

 

¿Cómo aprendiste tu a tomar decisiones? ¿Quién las tomaba en tu casa? ¿Dónde te colocabas tu cuando había que tomar decisiones? ¿Cómo se reconocían y valoraban tus necesidades?

 

Aún estás a tiempo de reconquistar la persona que eres dándote tiempo para estar en ti sin tener que hacer nada productivo. Imagínate parar y no hacer nada. Bueno eso no es cierto porque sí estás haciendo algo más valioso aún, que es detenerte y estar en ti. Estas decidiendo parar de «hacer» para estar en el «Ser». Aunque no hagas nada ni decidas nada observate y siéntente. Puede que el impulso del ritmo habitual te quiera sacar de ahí y tu mente te diga lo mismo que ese padre decía a su hijo “Vamos, no pierdas el tiempo, esto no sirve para nada, esto no es importante (tu no eres importante)…”. Desafía a esos mensajes y quédate en ti un rato más. Cada segundo de tiempo que te das de regalo a ti es un espacio que abres para que emerja tu capacidad de ser tu y de tomar decisiones por ti.

 

Soy consciente de que el ritmo de la sociedad occidental es poco tolerante con los procesos, queremos que las cosas sean para ayer. Estamos acostumbrados a vivir en la urgencia y obtener la satisfacción inmediata, a resolver asuntos rápido porque la tecnología lo permite y la velocidad de la sociedad lo requiere para poder lograr sus objetivos diarios. Muchas personas llegan a mi consulta porque quieren resolver lo antes posible un tema con el que llevan peleándose veinte años. No estamos acostumbrados a comprender los cambios en forma de procesos que nuestro cuerpo experiementa. Nuestro cuerpo no es un vehículo que sostiene nuestra cabeza mientras toma decisiones. Nuestro cuerpo experimenta sensorialmente y físicamente los cambios y si lo pasamos por alto no tenemos en cuenta que el ritmo de tu cuerpo no es el de una máquina ni el del mundo exterior. Y tu cuerpo eres tu. Tu cerebro es tu cuerpo, no están separados.

 

Por último, decidir es a veces una cuestión de creatividad. Una decisión incluye resolver un problema, un acertijo. Víve esa decisión con creatividad y busca soluciones creativas. El proceso será más divertido. Ante un problema hay muchas más soluciones que A y B. Ten en cuenta lo que tu necesitas y lo que los otros implicados necesitan, ¿qué decisión satisface a todos?. Si no la encuentras sigue buscando creatívamente, ¡inventa una solución hasta ahora no imaginada! Y puedes pedir ayuda, que no significa que tengas que acatar órdenes. Pide ayuda para que todo ese proceso no sea algo que ocurre en tu cabeza, tu solo. Que ese proceso pueda ser un recorrido compartido. Algún día recordarás esa decisión y cómo fue tomada, piensa en como te gustaría recordar ese proceso.

 

¿Qué te parece si tomas una decisión ahora?

 

Compártela aquí si quieres, me encantará escucharla.

 

Si quieres que te ayude y te acompañe en el proceso de una toma de decision clicka aquí y te indicaré los pasos para trabajar conmigo.

 

¡Un abrazo!

 

Carles